sábado, 13 de noviembre de 2010

Algo cambia…para que todo siga peor

Por César Ramón Cuello

El título de esta nota, construido a partir de una deformación de la conocida expresión gatopardista, no pretende nada más que aprovecharse de la conclusión a la que llegó el autor de El Gatopardo quién, haciendo uso del conocimiento de la naturaleza humana, la ubicó en la ficción junto con la realidad circundante. Hizo que el protagonista lograra mantenerse en sus posiciones haciendo uso de las debilidades ajenas, incluidas las morales. Al detenerse en un momento dado el curso modificador de su conducta, la parálisis significó un retroceso en las pretensiones de los que, con buena fe, anhelaban un cambio vivificador. Si detenerse es retroceder, entonces ni siquiera nada continúa igual, todo es para peor.

El razonamiento es de fácil adaptación a la propuesta división de la Provincia Buenos Aires en siete regiones administrativas. División que significaría agravar aún más los magros resultados que se obtienen a partir de la organización socio política del mayor estado de la unitaria República Argentina, donde el centralismo rige en toda su medida. Al mejor estilo gatopardista, se pretende hacer uso de la debilidad institucional que hace vulnerable el andamiaje de la estructura social.

Por supuesto, para su sostén se esgrime la falacia que ello daría lugar a mejorar los resultados que obtendría el gobierno en el ejercicio de sus funciones.

Dividir para concentrar puede aparecer como una expresión paradójica. No tanto como si fuera una idea extraña o un absurdo con apariencia de algo con sentido común, sino porque realmente contiene una gran contradicción ya que dividir en términos racionales jamás puede admitirse como una acción que tiende a concentrar.

Sin embargo, esto y no otra cosa es lo que se ha planteado con la pretendida regionalización. Predicar desconcentración convierte en paradoja el propósito de dividir en regiones administrativas a la Provincia Buenos Aires.

Porque no sería más que acentuar los efectos del centralismo, en la medida que no se plantea una descentralización en la recaudación de los recursos y en la toma de decisiones para su asignación y posterior inversión. Por el contrario, se tiende a perfeccionar el centralismo extrayendo lo mejor de éste como si lo tuviera.

No se vislumbra ningún tipo de evidencia que ponga de manifiesto que la intención es dejar en manos de los habitantes de cada región la administración propiamente dicha. Es decir, obtener los recursos, asignarlos y administrar su erogación, disponiendo que cada comunidad asuma el derecho, la responsabilidad y el deber de administrarse.

Lo propuesto no cumple con el significado de desconcentrar, que es distribuir o repartir entre varios algo que está concentrado previamente en un lugar, o hacer lo propio con lo que es responsabilidad de uno sólo. Al contrario, se trataría de agregar una capa más a la voluminosa burocracia, conformada cual una gran cebolla que, con la utilización de los nutrientes que toma del suelo, se va convirtiendo en un gigantesco bulbo.

La concentración que impera en la provincia Buenos Aires se traduce en tres tipos de acciones:

1. Obtención de recursos (Recaudación impositiva genuina, coparticipación y endeudamiento)


2. Asignación de Recursos (Presupuesto de Gastos)


3. Ejecución del Cálculo de Recursos (Ejecución Presupuestaria)


En este contexto se prevé obtener durante el Ejercicio 2011 recursos por más de ochenta y tres mil millones de pesos, que se asignarán según los ítems contenidos en el plan de gastos (Presupuesto). También se administrarán alrededor de quinientos mil recursos humanos (planta permanente, transitoria y contratada), sobre un total de quince millones de habitantes distribuidos en más de trescientos mil kilómetros cuadrados.

¿Tarea ciclópea? Más que ello, prácticamente imposible de lograr con eficiencia y menos con eficacia y economía. En estas condiciones, el control se escapa como el agua entre los dedos. Ergo, la corrupción muy agradecida.

De lo que no debe dudarse es que la propuesta de división ha surgido como consecuencia de la toma de conciencia de la falta de resultados, que es notoria en la provincia:

• Agudas falencias en el servicio de instrucción y salud pública


• Ineficiencia y falta de eficacia en las fuerzas de seguridad


• Sistema judicial prácticamente al borde del colapso


• Red caminera en mal estado y sin pavimentar casi toda


• Demanda habitacional sin cobertura


• Presencia cada vez más notoria y numerosa de asentamientos informales (“villas”)


• Estado de indefensión de la población frente al flagelo del delito que cada día que pasa cobra más víctimas fatales


No se trata de señalar falta de idoneidad de los funcionarios, cosa que de ninguna manera pretendemos poner de manifiesto aunque existiere en algunos casos. La inoperatividad proviene del hecho de no poder ejecutar tamaña tarea en forma centralizada.


Hace más de setenta años que en el Acta de Atenas los urbanistas hicieron conocer su conclusión de que los conglomerados humanos empiezan a tener problemas cuando sobrepasan el número de doscientos mil habitantes. Y que se hacen ingobernables cuando superan el millón.


La obtención de recursos para atender las necesidades sociales, su cobertura y el control sobre el gasto se ajustan al mismo criterio. La dimensión territorial y el número de habitantes son inversamente proporcionales a la eficiencia (manera de hacer las cosas), la eficacia (alcanzar los objetivos) y la economía (obtener el menor costo social posible).


Es fácticamente imposible administrar centralizadamente con eficiencia, eficacia y economía toda la tarea que tiene a su cargo el gobierno provincial, centralista unitario, sintéticamente expresada en los siguientes puntos:

• Servicio de instrucción pública con quince mil establecimientos a cargo


• Servicio de seguridad con setecientos cuarenta dependencias policiales


• Servicio de salud pública con setenta y siete hospitales


• Servicio de justicia con más de dos mil dependencias judiciales (Corte, Cámaras, Juzgados Civiles, Penales y de Paz, Fiscalías, Tribunales de Trabajo, Tribunales de Responsabilidad Juvenil)


• Servicio penitenciario con cincuenta y cuatro cárceles y treinta mil internos


• Servicios catastrales y de registración inmobiliaria con nueve millones de parcelas


• Servicios de agua potable y cloacas


• Servicios de transporte ferroviario


• Servicios portuarios


• Servicios de construcción de barcos


• Fomento de actividades artísticas y ambientales


• Fomento de industria, agricultura y ganadería


• Construcción de viviendas


• Construcción de caminos


• Administración y control de juegos de azar


• Servicios en Sistema de Seguridad Social (Medicina pre paga – IOMA - y jubilaciones)


El trabajo burocrático está enmarcado en:


• 11 Ministerios


• 6 Secretarías con rango de ministerio


• 7 Organismos de la Constitución


• 18 Organismos descentralizados consolidados


• 3 Organismos descentralizados no consolidados


• 2 Institutos de previsión social


• 1 Escribanía General de Gobierno


• 1 Asesoría General de Gobierno
El soporte de RRHH está constituido por quinientos mil agentes distribuidos en trescientos mil kilómetros cuadrados de superficie.

Se propone dividir lo dividido, por cuanto la Provincia Buenos Aires ya lo está en ciento treinta y cuatro municipios, con ciertas funciones que no alcanzan para caracterizar a un verdadero gobierno (1).

“Dame un punto de apoyo y sostendré la Tierra” es una frase ancestralmente atribuida al matemático siciliano Arquímedes. El sabio se refirió a que, para mover algo, sea cual fuere su peso, no se necesita mucha fuerza sino más bien disponer del conveniente y adecuado punto de apoyo. Más vale maña que fuerza diría el saber popular.

Llevada la idea de Arquímedes al campo de la vida en comunidad es posible afirmar que, si somos capaces de coordinar los factores que intervienen en el esfuerzo para lograr mejorar cada día la calidad de vida, es posible obtener buenos resultados.

La más fácil y antiguamente conocida es la que hace residir la responsabilidad en unidades operativas de poco tamaño territorial y reducido número de habitantes, que se constituyen en el punto de apoyo al que recurrió Arquímedes

Esos puntos de apoyo están en los municipios, verdaderos crisoles de democracia, donde el control social está presente. A ellos debe adjudicárseles la responsabilidad de obtener los recursos y ellos son lo que deben tener a su cargo la responsabilidad de la cobertura de las necesidades comunitarias. Nadie más que las propias personas, vecinos de cada partido, saben donde les aprieta el zapato.

Y si alguna o algunas de las ciento treinta y cuatro comunidades no resuelven adecuadamente sus necesidades y otras sí, no sería justo que éstas pagaran los platos rotos de las primeras, como sucede en los regímenes unitarios centralizadores.

Dividir en zonas administrativas a la provincia Buenos Aires, no hará sino consolidar el centralismo con nefastas consecuencias. Ilusoriamente se intenta que la eficiencia y eficacia fortalezcan el centralismo aunque no importe la economía.

Quizás lo peor es que se ignora el derecho y la capacidad de los vecinos para administrar su propio esfuerzo.

Así como el ojo del amo engorda el ganado, la historia nos demuestra que las comunidades con gobierno propio son las que progresaron. Con su aporte se construyeron naciones fuertes donde el progreso es signo distintivo. En los países donde no se recurrió a esta herramienta imperan el atraso, el hambre y la miseria.

Ni siquiera debiéramos considerar la absurda idea de dividir a la provincia en regiones administrativas centralizadas. Mejor vayamos hacia la democracia, encaminémonos hacia el gobierno de los pueblos, de los municipios, de los demos.

Es una manera de lograr iluminar el camino que recorrerán las generaciones futuras.



(1) Ver nota “Volver a los principios” publicada el 17/10/2010 y “Un poco menos de federalismo” publicada el 29/07/2010






domingo, 17 de octubre de 2010

Volver a los principios

Por César Ramón Cuello

El tema es viejo para nuestra concepción, para nuestra modesta pero incesante actitud de predicamento sobre cómo debe ser nuestra organización social para lograr la eficiencia (hacer bien las cosas), eficacia (lograr los objetivos) y economía (obtener el más bajo costo social posible), que nos lleve a poseer una calidad de vida aceptable en nuestras comunidades, acorde con el grado de civilización alcanzado por un importante sector de la humanidad.

Hace más de cuatro décadas que, a través de los medios que estuvieron a nuestro alcance, sostenemos que la mejor manera conocida para lograr aquellos resultados es que los vecinos de cada una de esas comunidades sean verdaderos protagonistas de la vida en sociedad. Y que esa manera consiste en adoptar en toda su medida el ejemplo de los griegos, que implantaron el “gobierno de los demos” (democracia), el gobierno de los municipios.

Se debe entender que “democracia” no significa que periódicamente se convoque a elecciones para elegir gobernantes en un sistema unitario y centralizado, como sucede en nuestra República Argentina. Porque más que el “gobierno del pueblo”, que podría considerarse como una expresión abstracta porque hace referencia a un vocablo (pueblo) sin clara identificación empírica, la democracia es el gobierno municipal, según la realidad (que es única verdad) política de los griegos.

En Grecia la denominación “democracia” surgió porque los demos (los diez municipios en que Clístenes dividió a Atenas) enviaban sus representantes a la Asamblea que los congregaba y donde discutían y tomaban decisiones sobre cuestiones que involucraban a todos aquellos demos. En esta instancia era el “gobierno de los demos”, una "democracia". Aquí se debe asimilar el vocablo “demos” al concepto “municipio”, dada la dimensión territorial y demográfica de los mismos. En cada uno de éstos, los ciudadanos en el Ágora decidían sobre todos los temas cotidianos que incidían sobre sus vidas.

Esa división política programada y ejecutada por los griegos produjo los beneficios del control social que pone freno a la corrupción, promovió la más adecuada asignación de recursos que son el fruto del esfuerzo de los ciudadanos, proporcionó la más rápida solución a los problemas emergentes debido a la cercanía en el tiempo y en el espacio de quiénes deben detectarlos, afrontarlos y resolverlos; y sobre todo indujo la participación de los ciudadanos, a quiénes no solamente les proporcionaba el reconocimiento de su dignidad, sino que también les cargaba la responsabilidad de asumir deberes antes que ejercer derechos. Este conjunto de factores le dio vida concreta al Don del Libre Albedrío que es la forma más acabada de la libertad, que a su vez es la fuente de creatividad más efectiva.

Las naciones que hoy lideran la civilización y las que la colocaron en el nivel que hoy se encuentra, nunca dejaron de tener en cuenta este concepto de democracia. Bajo la denominación de municipio, comuna, condado o cantón, ponen en manos de los ciudadanos la responsabilidad de obtener y administrar recursos, ejercer control y fijar objetivos dentro de sus propias comunidades. En cambio, los países que exhiben organización unitaria y centralizada son los que están a la cola en la fila de naciones y donde se obtienen resultados adversos respecto de los que espera la ciudadanía, esto es, dilapidación de recursos, impunidad de los corruptos, deterioro de la fortaleza cultural y social y lo que podría considerarse como inhumano: desconocimiento de la dignidad del ciudadano por ignorarlo como protagonista, todo lo cual provoca su vivencia en una particular forma de la esclavitud.

El progreso, el bienestar social, el amor a la Patria, la aceptación a las normas de convivencia, el respeto al semejante, la libertad, están presentes en los primeros. Todo lo contrario acontece en los segundos.

El gobierno municipal pleno (democracia) incluye que dentro del mismo tengan vida la obtención, asignación y administración de los recursos destinados a la instrucción, seguridad, salud y justicia de los habitantes. Éstos son los cuatro elementos básicos que proporcionan fortaleza a las comunidades. Junto a ellos, promover la creación y mantenimiento de los medios de vida (trabajo) y lograr el techo bajo el cual se albergan las familias, es la combinación ideal de factores. Lo demás viene por añadidura como reza el Libro de los Libros. No necesitan las comunidades de súper funcionarios que les manejen sus vidas y sus recursos. Nadie mejor que sus miembros para ello.

En estos días está en ciernes la creación de policías municipales en la provincia Buenos Aires, de las que ya existen algunas versiones. Si bien ello no implica que las comunidades asuman integralmente, como se debe asumir, el grave problema de la inseguridad personal y patrimonial que cada día que amanece acecha a los habitantes, es una expresión de que se estaría cumpliendo incipientemente el aserto que se está poniendo en boga: volver a los principios.

Debemos volver a los principios que enarbolaron los sabios que pisaron este planeta; que vieron cuál era la mejor manera de organizarse para vivir en sociedad; que validaron el reconocimiento de los derechos de los hombres; que este reconocimiento tiene que ver también con su protagonismo social real y efectivo junto a los deberes que deben cumplir.

Debemos reconocer entonces que cada comunidad tiene el derecho y la obligación de gobernarse, sin depender de tiránicos y totalitarios gobiernos centralizados. Es posible que de esta manera podamos construir sociedades donde el respeto a las normas legales y morales nos alejen del camino del delito, de la debilidad, del ocio, de la mal llamada “viveza criolla”; y nos señale el de la virtud, del trabajo fecundo, del esfuerzo superador.

Debemos vivir en democracia.






jueves, 29 de julio de 2010

Un poco menos de Federalismo

Por: César Ramón Cuello

Hace unos días la presidenta argentina anunció que se implementará una licencia o registro para conducir único para todo el país. Es decir, se centralizará la función que todavía ejercen los municipios aunque existen Estados que lo tienen provincializado (Mendoza V.Gr.). Es decir, tendremos los argentinos un poco menos de federalismo.

Si ello sucede las provincias y municipios habrán renunciado una vez más a sus derechos y mostrarán que no son capaces de asumir su responsabilidad, admitiendo sumisamente el despojo en su integridad como unidad política organizada.

Algo similar ocurrió en los finales de la década de los cincuenta con el Registro del Automotor.

En aquella oportunidad se dio vida a esa grosera estructura para crear un registro de los vehículos que circulan por nuestras calles y rutas. Todo ocurrió unos meses antes de la entrega del poder por parte de los militares al presidente elegido por los argentinos, Arturo Frondizi.

En esa época de producían unos ochenta mil vehículos al año. En la actualidad el robo anual se acerca a la misma cifra.

La falaz excusa de evitar este delito sirvió para instalar espléndidamente un pingüe negocio que tiene una clientela cautiva por excelencia para prestarle un servicio absolutamente innecesario. La peor y más absurda aberración en un sistema económico. Agravada por el hecho de duplicar el costo de legitimar la propiedad de un bien en beneficio de los amigos del poder.

Los registros seccionales (que son entes privados regulados por el Ministerio de Justicia) se adjudican a socios o familiares de políticos cuando éstos no se los auto adjudican.



Con la aparición de los vehículos automotores se “inventó”, casi inmediatamente, a principios del Siglo XX, el impuesto a la riqueza que significa tributar por el derecho de tener uno de aquéllos.

En un principio dicha facultad de recaudación fiscal la ejercieron los municipios en nuestro país, institución que legitimaba la titularidad del bien. Alrededor de 1950 dicha facultad pasó a ser un derecho de los estados provinciales y cada vez más el impuesto a los automotores fue uno de los principales componentes de la recaudación fiscal.

Este hecho significó un paso más hacia la concentración de recursos y poder que se iniciara a principios de la década de los treinta, cuando se sancionó el Impuesto a los Réditos (hoy Impuesto a las Ganancias) y que iba a tener vigencia por solamente un año, ya que la Constitución Nacional no permitía la instauración de impuesto directos. Y como siempre, en Argentina lo coyuntural pasó a ser estructural. El impuesto a las ganancias es permanente, actualmente con categoría constitucional.

Recursos y Poder son dos elementos que se alimentan recíprocamente. Juntos representan el peor de los peligros respecto de la posibilidad de generar hechos tan perniciosos como la corrupción de gobernantes, negación de la libertad individual y del derecho a la propiedad privada. Siendo éstos últimos los pilares fundamentales en los que se asienta la civilización a partir de su reconocimiento luego de haber sido superada la postración de occidente en la que había caído durante la Edad Media.

Durante este período histórico, tanto los recursos naturales como la riqueza que producían estaban en poder de muy pocas manos, siendo las más importantes los monarcas y señores feudales.

Superada la concentración de riqueza y poder monárquico y feudal con la transferencia del poder político a los sistemas republicanos y la riqueza a manos de los que ejercen actividad económica en todos los niveles (propietarios, empresarios, trabajadores), sobrevino un fenómeno social que significó la reedición del funcionamiento político democrático. Entendiendo por Democracia al “gobierno de los pueblos”, tal como aconteció en Grecia cuando los representantes de los Demos constituían la Asamblea que decidía sobre el destino de las comunidades.

Cada Demo decidía sobre sus necesidades sociales, depositando en el pueblo la toma de decisiones y el manejo de la riqueza local. El control social se ejercía absolutamente sobre los políticos y sus manejos, en la unidad política menor, apelando a la cercanía de los hechos tanto en el tiempo como en la distancia. Todo un exponente de la sabiduría griega.



En nuestros días, los países cuyas siluetas se distinguen en lo más alto del Concierto de Naciones, son aquellos que no renunciaron nunca a dejar el control en lejanas manos, concentradoras de riqueza y poder. Condados, cantones, municipios y comunas administran sus propios recursos y disponen sobre la cobertura de sus necesidades sociales.



Quizás valga el ejemplo rotundo de un pequeño país europeo: Luxemburgo. Políticamente está dividido en tres (3) distritos, éstos en doce (12) cantones los cuales a su vez contienen ciento dieciocho (118) comunas. El número total de habitantes no supera los quinientos mil, lo cual proporciona una población de poco más de cuatro mil por comuna.



Pero, el resultado más prodigioso de esta organización social, con una gran y efectiva descentralización del poder, que incluye el manejo y control de la riqueza social muy cerca de los vecinos, es que Luxemburgo posee el privilegio de ser la comunidad que posee la economía más productiva del planeta: ochenta mil dólares por habitante y por año. Casi el doble de varios de los que se encuentra a la zaga. Con ello se logra un elevado nivel en la calidad de vida. La instrucción, la medicina preventiva y curativa, la seguridad, la justicia, la infraestructura social y los servicios, gozan de buena salud.



En Argentina vamos a dar un pasito más en la ya ancestral tendencia a la centralización, al unitarismo, poniendo en manos del Estado Nacional el otorgamiento de las licencias para conducir y el manejo de los recursos que de ello deriva. Al mejor estilo monárquico. Otro factor de cercenamiento de los derechos de los ciudadanos y un alejamiento mayor de éstos respecto del deber de hacerse cargo de sus responsabilidades.



Así nos va. Hace mucho tiempo que no podemos superar los cinco mil dólares por habitante y por año. Unas quince veces menos que el pequeño Ducado de Luxemburgo.



martes, 4 de mayo de 2010

UN FUTURO ARGENTINO CON DESARROLLO

Por Carlos Fernando Frediani

Nuestra verdadera riqueza
Los argentinos creemos ser dueños de un País rico, basados en una serie de frases hechas elaboradas por pseudo-intelectuales y políticos, que de tan repetidas han terminado por convertirse en una firme creencia.

Los conocidos slogans: “somos un país rico”, “tenemos todos los climas”, “acá cae una semilla y sale una planta”, “el trabajador argentino es el mejor del mundo” y otros similares han edificado una conciencia nacional errónea, que es necesario desterrar.

Argentina es el 8º país del mundo en superficie, ocupa el 32º lugar en población y se ubica en la posición 46ª en el Índice de Desarrollo Humano elaborado por el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo).

Un indicador que mide nuestro desarrollo económico es el Producto Bruto Interno per cápita que para el año 2009, según datos del poco creíble INDEC, alcanzó a 7675 dólares por habitante a partir de un PBI nominal de 307.000 millones de dólares.

Según cálculos realizados con la metodología del economista César Cuello para el año 2009, utilizando datos del Presupuesto Nacional, el valor del PBI per cápita fue de 5200 dólares por habitante.

De acuerdo a un estudio realizado por el economista británico A. Madison sobre la evolución histórica de los Productos Brutos per cápita para los distintos países del mundo, Argentina hasta el año 1950 ocupaba el 17º lugar y bajó hasta la 91ª posición en 2004.

Según publicación de la revista “Economía para Todos” del día 5 de abril de 2010, nuestro país ocupa actualmente la posición 85º en el ranking mundial.

Debemos recordar que en el año 1900 el PBI per cápita argentino era de 4367 dólares por habitante y el de los Estados Unidos de 6899 dólares, es decir teníamos el 67% valor norteamericano mientras que en 2009 tenemos sólo el 12% lo que indica claramente la evolución de ambas economías en la centuria.

Por otra parte si efectuamos la comparación con los países Latinoamericanos, según datos de la CEPAL, el PBI argentino en la década del 50 era el 27% del total de América Latina, en la década del ochenta bajó al 15% y actualmente es el 13%.

Las cifras expuestas nos muestran claramente que nuestro País ,en los últimos sesenta años, sufrió un proceso de “empobrecimiento relativo” de notables características Sin embargo, nuestra sociedad en general se considera parte de un País Rico calificación válida sólo a principios del siglo pasado y transformada hoy en uno de nuestros tantos mitos.

La riqueza de los Países Desarrollados
Para pertenecer al selecto Club de Países Desarrollados que ofrecen un excelente nivel de vida, es necesario generar un Producto Bruto Interno per cápita superior a 24000 dólares por habitante por año. En este sentido considero importante señalar que el nuevo Presidente chileno ha destacado públicamente el objetivo de su gobierno de aumentar el PBI per cápita de los actuales 14000 dólares por habitante a los 24000 necesarios en el plazo de quince años.
Aparece aquí en su real dimensión, un problema argentino que es celosamente ocultado por nuestra “inteligenzia”, por los dirigentes políticos del gobierno y la oposición, y por el empresariado: somos un país pobre.
Las discusiones actuales entre Gobierno, Sindicatos y Empresarios se reducen a una feroz lucha distributiva por una riqueza que no existe.
Es muy claro comprender que con un PBI por habitante de 7675 dólares (aceptando las cifras infladas por el INDEC) es imposible atender las necesidades nacionales de salud, educación, justicia, energía, transporte, y comunicaciones en un buen nivel de prestaciones. Para ratificar esta aseveración basta con revisar los PBI por habitante de algunos países: Austria: 44800, Nueva Zelandia: 30000, Singapur: 38900, Noruega: 95000, y EE.UU.: 66000 dólares por habitante por año. ¡Así es más fácil administrar un País!.



Objetivos para nuestro Desarrollo
Si Argentina planteara como objetivo alcanzar el umbral de 24000 dólares por habitante y por año en los próximos quince años (como ha hecho Chile), en el año 2025, con una población de 45,9 millones de habitantes, el producto Bruto Interno nominal debería ser de 1.250.000 millones de dólares, cuatro veces superior al actual. Esto significaría, durante los próximos quince años incrementar el PBI nominal a una tasa anual del 9,8% en forma ininterrumpida.
Esta situación aparece como imposible en el actual contexto económico de Argentina, y ya es hora de aprender a rechazar las propuestas milagrosas meramente voluntaristas.
Un Objetivo ambicioso pero realista, sería alcanzar los 21.000 dólares por habitante por año en un lapso de 25 años. Esto exigiría crecer a una tasa anual sostenida del 5%. Difícil, pero posible

Aclarar estos conceptos ayudará a destruir el mito de ser “un País muy rico” en el que sólo es necesario modificar la distribución de la riqueza. Debemos trabajar muy duro durante el próximo cuarto de siglo, si aspiramos a vivir en un País medianamente desarrollado.

Pero los comentados índices de crecimiento son condición necesaria, pero no suficiente para el desarrollo buscado. Los valores promedio de las variables económicas que se obtengan, no deberán esconder inaceptables bolsones de indigencia y pobreza, ni servicios de salud, educación, justicia, transporte y energía, eficientes sólo para un 30% de la población.

Para alcanzar las metas deseadas será imprescindible dar un salto cualitativo de los sistemas educativo y de salud, mejorar la eficiencia de los servicios de Transporte, Energía y Comunicaciones, y crear un clima de tranquilidad política, paz social, y seguridad jurídica que posibilite la llegada de los capitales externos necesarios para encarar el desafío



El Proceso de Desarrollo
Hemos intentado describir a grandes rasgos algunos problemas que dificultan la puesta en marcha de un Proceso de Desarrollo que muchos enuncian, que todos deseamos, y que siempre vemos postergado.

El cambio virtuoso de nuestro País exige realizar un diagnóstico realista de la situación, tener claridad conceptual para fijar los objetivos, vocación y valentía civil para implementar las medidas transformadoras y concientizar a todos los actores del cambio que éste sólo es posible con Tiempo y Esfuerzo.

martes, 13 de abril de 2010

El Quiebre

Por César Ramón Cuello

La clase política está totalmente desacreditada en la República Argentina. Sin embargo, la mayoría de los argentinos no participa de la idea de dicho descrédito respecto de la pléyade de antecesores que fueron los fundadores de nuestra nacionalidad, a quiénes les cabe también la calificación de políticos. Entendiendo como política a toda acción honrada tendiente a mejorar la calidad de vida de una comunidad, vista ésta básicamente desde el punto de vista de sus valores culturales, morales y económicos.

Para esa mayoría de la población compuesta por hombres y mujeres de distintas tendencias, existe un conjunto de personajes que son venerados como patriotas que construyeron el país. En ese contexto podemos ubicar a Saavedra, Belgrano, Moreno, San Martín, Rivadavia, Dorrego, Lavalle, Rosas, Facundo, Ramírez, Urquiza, Alberdi, Mitre, Avellaneda, Sarmiento, Roca, Velez Sarsfield, Pellegrini, Joaquín V, González, Irigoyen, Perón, Frondizi y muchos más, por supuesto. Podemos deducir entonces que, dado el aporte a la nacionalidad que se les adjudica, no es extraño que se los haya colocado en el pedestal de los prohombres.
Pero si hoy en día los políticos no gozan en general de tal calificación puede deducirse entonces que hubo un momento, un punto de inflexión, a partir del cual cambió el concepto calificativo. Es decir, un momento en el que pasaron de ser considerados próceres a la categoría de desacreditados. ¿Cuándo se produjo el quiebre? ¿Cuándo, de ser patriotas pasaron a constituirse en simples y desacreditados políticos? ¿Existe ese punto de quiebre? ¿Cuál fue la figura o las figuras que encarnan ese punto?
 
• ¿Acaso fue cuando prácticamente se destituyó al último presidente radical?

• ¿O cuando se hizo lo propio con Martínez de Perón, o con Illía, o con Frondizi?

• ¿O cuando los jefes navales del golpe de 1955 que, según versiones, se aprovisionaron de municiones en el estuario del Río de La Plata con la colaboración de la marina británica y encaramaron a las fuerzas armadas en el poder?

• ¿O cuando en 1943, con las elecciones en ciernes, de produjo un golpe militar que dio por tierra la posibilidad de elegir un presidente con clara tendencia a apoyar a las fuerzas aliadas de la Segunda Guerra Mundial en contra del nazismo?

• ¿O cuando los gobernantes de la década del 30 firmaron pactos y convenios dejando en manos de extranjeros el manejo del Banco Central, el comercio exterior, el transporte de pasajeros de la zona metropolitana, el suministro de energía eléctrica; creando tantas Juntas corporativas como sectores había en la economía para beneficio de pocos, sumiendo en la pobreza a muchos y creando bolsones de corrupción?

• ¿O cuándo en 1930 se rompió el orden institucional derrocando a Irigoyen?

• ¿Habrá sido cuando un presidente (Figueroa Alcorta) que, para preservar el negocio millonario de importación de hulla (carbón de piedra) desde Inglaterra, firmó un decreto estatizando la riqueza petrolera y evitó la actividad económica que de ella se hubiera podido desprender, cercenando así la posibilidad de que cientos de miles de argentinos se pudieran enriquecer?

• ¿O cuándo, parafraseando a Pellegrini, la argentina entró en un carnaval financiero que dio lugar a la gran crisis de 1890?

• ¿O cuando se contrató un préstamo en el extranjero para formalizar una campaña en el desierto e institucionalizar la tenencia latifundista de quince millones de hectáreas, extranjerizando definitivamente el sector dinámico de la economía por excelencia y negando el acceso a la propiedad de la tierra a millones de argentinos; promoviendo el latifundio que no permite el desarrollo y la explotación intensiva del sector?

• ¿O cuando se asesinó en Barranca Yaco a la sazón el principal y tenaz impulsor de la organización nacional sobre la base del concepto de federación?

• ¿O cuando se legalizó el otorgamiento de facultades extraordinarias al Poder Ejecutivo concediendo la suma del poder público al Ilustre Restaurador de la Leyes?

• ¿O cuando se ultimó mediante un fusilamiento sin juicio previo a un Coronel (Dorrego) que tenía en mente el funcionamiento federal y democrático de América del Norte?

• ¿O cuando el ex funcionario de la corona española, y yerno de un virrey que ocupó por primera vez el cargo de presidente (Rivadavia), mediante la sanción de la denominada Ley de Enfiteusis dio en alquiler a un privilegiado grupo, compuesto de extranjeros mayormente, unos dos millones de hectáreas, habiendo hipotecado previamente toda la tierra fiscal en garantía de la deuda pública externa?

• ¿O cuando dicho presidente, ideólogo de las fallidas constituciones unitarias de 1819 y 1926, abolió la forma democrática de gobierno por excelencia que significaban los cabildos, verdaderos íconos de la democracia y la libertad de los pueblos, promoviendo la centralización y el unitarismo?

• ¿O cuando un ministro de este mismo personaje firmó un tratado con los brasileros que determinó despojar a Argentina de la soberanía sobre el territorio de la Provincia Oriental Uruguay a pesar de haber vencido a los lusitanos en la batalla de Ituzaingó ganándoles la guerra?

• ¿O cuando se contrató un préstamo (con la banca Baring Brothers) de un millón de libras esterlinas con una quita inicial del treinta por ciento (con el objetivo declamado de construir, entre otras obras un puerto), que nunca llegó totalmente a destino y de lo poco que arribó no existen pruebas de una correcta asignación?

• ¿O cuando un brillantísimo militar (San Martín) se puso al servicio de una causa cuyo éxito significaba la derrota de sus hermanos españoles para imponer una manera distinta de gobernar y funcionar la sociedad, y resultó funcional a la Rubia Albión en sus propósitos de penetración económica?

• ¿O cuando los que, sin consultar previamente a todos los pueblos de estos territorios, tomaron el poder que detentaba un virrey para luego imponer el nuevo régimen a sangre y fuego, destruyendo prácticamente la organización socio política que rigió durante trescientos años en América Latina en procura de otra, democrática por excelencia, que no llegó a consumarse ?

¿Podríamos adjudicar la paternidad del quiebre a alguno de los personajes y hechos mencionados que dieron lugar al nacimiento, a su tiempo, de dos sectores diametralmente opuestos (proteccionistas y librecambistas, unitarios y federales, “chupandinos” y “pandilleros”, conservadores y radicales, peronistas y anti peronistas, capitalistas y marxistas, menemistas y anti menemistas, etc. y en nuestros días los K y los anti K), motivando con ello que no pudiera fijarse un rumbo jalonado por el éxito para la Patria y cuyas consecuencias seguimos soportando hoy los argentinos?

¿Así fue siempre en el mundo respecto de los políticos? Dicho esto porque cronistas griegos actuaron en su época desacreditando a los políticos, haciéndolo con Clístenes, Pericles, etc., no obstante lo cual hoy los admiramos como grandes gobernantes.

¿Es posible afirmar entonces que no hubo quiebre alguno en nuestro país y que siempre fue igual?

Si analizáramos a los que hicieron prevalecer su acción, desde Saavedra hasta nuestros días, quizás no encontremos mucha diferencia entre ellos. No obstante los casos particulares que no tuvieron preponderancia definitiva, como el caso de una solitaria golondrina, que no hace verano.

Es que siempre fueron magros los resultados respecto de nuestros intereses nacionales. Largo sería de escribir. Pero, como para muestra basta un botón, a la vista está la realidad que vivimos. Si aplicamos la sentencia de Jesús cuando expresó “por sus frutos los conoceréis”, es evidente que el diseño y funcionamiento logrados hasta nuestros días en Argentina no rindieron frutos suficientes. Tantos como para satisfacer pretensiones alentadas por la ambición de estar a la altura o cerca de lo alcanzado por los países denominados del primer mundo.

 
Veamos los frutos:

1) No fueron, los miembros de la Primera Junta de 1810, líderes naturales con intereses y presencia definitiva en la Patria. Su poder se sostuvo precariamente sobre la base de la violencia para imponer en todo el territorio sus propósitos y carecieron de continuidad en el mando. Al cabo de un año ya habían sido desalojados del poder. La consecuencia fue el caos y la lucha fraticida por más de cuarenta años que impidieron la organización nacional.

2) No somos dueños de la riqueza del país. Los habitantes de nuestra Patria somos pobres generalizados por algunas razones básicas

• Más del noventa por ciento del aparato productivo no pertenece a los argentinos

• Somos usufructuarios de una economía que magramente produce cinco mil dólares por habitante y por año (muy baja productividad respecto de las naciones del denominado primer mundo que producen más de cincuenta mil). Por esta razón, frente a las manifestaciones de “distribución de riqueza” se ubica la cruel realidad en el sentido que lo que se distribuye es pobreza muy cercana a la miseria. Porque la dimensión del aparato productivo alcanza para dar condiciones adecuadas de vida a solamente ocho millones de personas.

• No tenemos capacidad de ahorro interno suficiente que permita la inversión para aumentar el patrimonio nacional día a día

• Luego, no conformamos un país altamente capitalizado desde el punto de vista económico

• Los recursos naturales no fueron puestos a disposición del pueblo argentino para producir su enriquecimiento. El sector primario, dinámico por excelencia, acusó un régimen de tenencia de la tierra cuya características principal fue el latifundio. Esto imposibilitó el acceso a la propiedad de vastos sectores de la población y la conformación de una poderosa clase media. Lo mismo ocurrió con la riqueza minera disponiéndose la estatización del petróleo en 1907.

• No poseemos fuentes de tecnología propia

3) Los argentinos no tenemos evidencias de ser aguerridos. Básicamente, quizás, porque tenemos poco y nada propio que defender y porque al mejor estilo de antaño, cuando Su Majestad el Rey de España otorgaba mercedes graciosamente, lo esperamos todo del Estado.

4) No poseemos RRHH suficientes, no somos una población numerosa. Ello debido a no haber manejado nunca claros conceptos geopolíticos y demográficos. En consecuencia, no actúa con eficacia la ley de la selección natural y en la dirección de los negocios públicos en general no estuvieron ni están, evidentemente, funcionarios altamente capacitados para ello.

5) No somos un pueblo que elabora y concreta planteos de largo plazo

6) No existen una clase empresaria autóctona desarrollada y con fuerte presencia en la economía.

7) No somos un pueblo con cultura industrialista. La clase empresarial del sector en general no tuvo vocación sino para actuar sobre una base organizativa corporativa y con prebendas del Estado, con todas las limitaciones que ello impone para el desarrollo armónico de la Nación.

8) No tuvimos ni tenemos una clase política que pudiera establecer un orden social hegemónico orientado definitivamente hacia un rumbo determinado.

9) No tenemos una organización sindical que haya contribuido a la determinación de dicho rumbo y sus dirigentes se encuentran sospechados de medrar con los recursos que generan.

10) No tenemos militares organizados para actuar solamente en la defensa nacional. Más de una vez usaron la fuerza para ejercer el poder político en el orden interno y jugar papeles que no le competen. En este sentido es de hacer notar que San Martín fue quién dio el primer golpe de estado en la historia argentina al derrocar al Primer Triunvirato para imponer sus propios candidatos que pertenecían a la Logia de Lautaro, muy ligada a los intereses británicos.

11) No tenemos una organización social adecuada. La que poseemos, unitaria y centralista, niega libertad a las comunidades de la Nación el derecho a gobernarse a sí mismas y a manejar sus recursos; permite la presencia de la corrupción en forma absoluta,

12) No posee la población cabal conocimiento de la razón de ser país como ente independiente. La historia oficial la ha sumido en una falacia descomunal, fomentando la idea de un pasado que no se condice con la realidad actual.

13) Las principales funciones del Estado, que son la respuesta a los objetivos fijados en el Preámbulo de la Constitución Nacional, no se cumplen como debiera:

• La inseguridad personal y patrimonial es un peligro latente que acecha a todos, todos los días

• La respuesta a la necesidad de instrucción primaria, secundaria y universitaria, así como a la salud de la población, es muy pobre

• La desconfianza generada por la actuación de sus protagonistas en el orden judicial deja sin crédito a jueces y camaristas

En fin, los argentinos creemos tener lo que no tenemos y ser lo que no somos; una tilinguearía.

Ello nos trae una reflexión final: no somos un pueblo que esté usufructuando las ventajas de la civilización que ha desarrollado la humanidad.

Parafraseando a Ortega y Gasset ¿podríamos decir que estamos en el estadio de masificación sin haber pasado nunca por circunstancias contrarias?
¿Será necesario que realmente se produzca un quiebre para orientar el rumbo de la Patria hacia un destino venturoso hoy negado?

Aun a riesgo de caer en un lugar común o expresar una verdad de Perogrullo, no hay duda que debemos encontrar la manera de instaurar un sistema socio económico con el nutriente de la libertad como condición de fermento de la creatividad; sin privilegios sectoriales de existencia promiscua en los mecanismos corporativos; con inserción en el concierto mundial de naciones, una economía con costos internos competitivos y sin la presencia de un Estado Empresario; organización política congruente para que el manejo de la riqueza comunitaria esté sometida al control social y se reconozca la libertad y autonomía de las comunidades para gobernarse por sí y para sí, tanto como un derecho como un deber.

Desalojando de esta manera del escenario político a los personajes auto proclamados mesiánicos que se arrogan maliciosamente poseer el manto de la protección sobre pobres y desvalidos que lamentablemente son muchos en Argentina.

 
No se trata de renegar de nuestro pasado. El diseño de país y los magros frutos logrados están ahí. Debemos prodigar el beneficio de la duda para no endilgar culpas a nuestros antecesores que no podrían hacer descargo de las mismas, si es que cupieren.

Aunque no es mucho, debemos aceptar lo que hicieron y nos dejaron. En nuestras manos y en las de las generaciones futuras descansa la posibilidad de hacer más y orientar definitivamente a la Patria hacia un destino venturoso.

Los argentinos quizás necesitamos un quiebre. Si fuere necesario, debemos generarlo.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Economía y Democracia

Por César Ramón Cuello


Acepción
La primera acepción que el diccionario Larousse le otorga a la palabra democracia establece que es el “gobierno en el que el pueblo ejerce la soberanía eligiendo a sus dirigentes”. Dicho de otra manera podría expresarse que, cuando regularmente existen elecciones para elegir gobernantes, existe una “democracia”.

Esta acepción que el diccionario le adjudica al vocablo, más que con la esencia de la Democracia, tiene ver con la representación, un aspecto particular de una forma de gobierno. El denominado Representativo en el en que, “bajo diversas formas, concurre la nación, por medio de sus representantes, a la formación de las leyes”. Luego, bien puede haber elecciones bajo el imperio de otra forma de gobierno que no sea la democrática.

Por otra parte, comúnmente se entiende por democracia al “gobierno del pueblo”, vocablo vasto y generalizado que carece de precisión. Es en realidad una expresión muy amplia en contenidos. A tal punto que es usual contraponer comunismo a democracia.

El comunismo es una concepción ideológica que abreva en el marxismo. Está vinculado más que nada a un sistema económico ya que esencialmente se trata de una manera de administrar la producción y la distribución de la riqueza producida. Su imposición siempre fue el fruto de gobiernos dictatoriales. No podría ser de otra manera ya que, además de otras razones, su presencia contrasta con un modelo vigente de por siglos (Economía de Mercado), que ha generado centros de poder y concentración económica financiera, que ofrece la proverbial resistencia a los cambios. De aquí la necesidad de violencia que necesita el comunismo para instalarse. Ello no obsta para que las autoridades de un país con régimen comunista ya instalado no sean elegidas por el voto popular, con lo cual estaríamos frente a una democracia según la acepción académica del Pequeño Larousse. Que a todas luces colisiona con la naturaleza propia de este sistema de organización social.

Esta colisión se produce por cuanto el comunismo es un sistema económico enclavado bajo una forma determinada de gobierno: la dictadura del proletariado según proclaman sus defensores, aunque distorsionada de acuerdo con lo acontecido en la realidad. En los casos conocidos se trata de la dictadura de una persona o un conjunto de personas.

Forma de gobierno
La democracia constituye una forma de gobierno en cuyo seno la actividad económica se desarrolla bajo el régimen de libertad individual y su correlato, la propiedad privada, concepto éste que debe considerarse como la expresión económica de aquella libertad.

Estas cualidades dieron lugar a la conformación del Capitalismo (Economía de Mercado con sistema de precios), que es sin dudas, la mejor manera conocida de producir y distribuir riqueza.

El grado de civilización alcanzado por la humanidad, absolutamente resultante de este sistema económico, es testigo más que demostrativo y elocuente de ello. Los métodos que alternativamente se pusieron en práctica en los últimos cien años (corporativismo nazi fascista populista y capitalismo de estado marxista) fueron un rotundo fracaso.

En su vinculación con la Economía (actividad del ser humano para obtener la satisfacción de sus necesidades), a la Democracia debe tenérsela en cuenta bajo la acepción “gobierno de los pueblos”.

Democracia en Grecia
Es una verdad de Perogrullo decir que la democracia es una forma de gobernar que inventaron los griegos. En la antigua Grecia funcionaba con un modo semejante a la democracia representativa que hoy en día conocemos. Era el primer escalón del gobierno ejercido por todos los ciudadanos. En sus momentos de apogeo inventó en sí misma a la representatividad como una consecuencia de su propia naturaleza, de la confianza que generaba su funcionamiento.

La participación en el gobierno era voluntaria, ejercida en la asamblea del pueblo (la ekklesia) y los ciudadanos que no concurrían a la misma aceptaban de hecho la representación que ejercían los que iban al Ágora, con lo cual éstos estaban imbuidos de representatividad.

El pueblo griego y sus instituciones tenían vida efectiva en el ámbito de las tribus o demos. En cada uno de ellos funcionaba una asamblea. Era el lugar donde se ejercía el gobierno, propio y libre. En él, y con las características señaladas, convivían los helénicos.

A partir del gobierno de Clístenes. “el Ática quedó dividido en diez demos. Pequeños centros territoriales con su vida municipal y administración local, con sus magistrados, sus asambleas, sus decretos. La política se practicaba en ellos a muy pequeña escala, entre gentes que se conocían”. Las diez tribus que diseñó Clístenes eran iguales en sus derechos y en su estructura.

Los demos formados por los ciudadanos identificados por la unidad política o tribu a la que pertenecían, eran muy parecidos a nuestras comunas escribió Jacqueline de Romilly, autora a la que se recurrió para rescatar los conceptos entre comillas. Constituyen el más antiguo antecedente de una buena escuela de política local.

El pueblo reunido en asamblea gobernaba directamente en ellos, en lugar de limitarse a la elección de los gobernantes. Cosa que también hacía cuando se trataba de nombrar a los arcontes y jueces. Cuando entraban en juego unas asambleas con la participación de todos los habitantes, si bien se encontraban ampliamente abiertas a la masa, el Consejo que preparaba sus deliberaciones y velaba sobre su ejecución, estaba constituido por quinientas personas (Consejo de los Quinientos) elegidas por sorteo en los demos, con mandato por un año. Cincuenta representantes por cada uno de los diez demos. La concurrencia de los ciudadanos a las asambleas en representación de los demos derivó en el concepto democracia, es decir, gobierno de los demos, gobierno de los pueblos. Y siguiendo el criterio de Jacqueline de Romilly, bien podemos decir gobierno de los municipios.

La Democracia fue el fermento natural y caldo de cultivo de la grandeza helénica. La autonomía de los demos contribuyó a amalgamar los intereses personales y locales con el núcleo común de conceptos que los indujo a constituir su nacionalidad. La fortaleza de sus componentes apareció por efecto de la participación, individual y colectiva.

Si bien con disímiles características, recurriendo algunas veces a la organización republicana o por lo menos reconociendo la existencia de los tres tipos de instituciones básicas (poderes ejecutivo, legislativo y judicial), no es sino la esencia de organización comunal lo que dio lugar desde siempre a la fortaleza de las ciudades y las naciones. Las mismas que impulsaron el Renacimiento y otorgaron fortaleza a otros pueblos con el devenir de los tiempos. A España desde el Siglo XIII hasta mediados del XV. Período en el cual, luego de derrotar al poder bélico de los árabes, pasó a ser el Imperio en cuyos dominios no se escondía el sol. A Inglaterra que se constituyó en la reina de los mares y primera potencia durante más de cien años. A los Estados Unidos, que la sustituyó en el papel de primer potencia hasta nuestros días. A Canadá, que en la actualidad posee el privilegio de ser uno de los países con mejor calidad de vida en todo el orbe.


La expresión moderna / Federalismo
El Demos fue a Grecia lo que el municipio es a los pueblos contemporáneos. Se trata de una entidad natural que nace a partir de la sociabilidad de los seres humanos. En consecuencia “no pudo haber sido creada por la teoría del derecho ni tampoco por su referente empírico, el derecho positivo, porque se trata de algo preexistente a toda disposición normativa”• (Ricardo Miguel Zuccherino).

Tal como sucedió en Grecia, el autor citado afirmó que el municipio de los tiempos modernos nació asumiendo naturalmente todos los atributos de autonomía institucional y administración funcional. Y continúa siendo el órgano primigenio de la organización política de las naciones poderosas. Es el lugar donde se asignan los recursos para subvenir las necesidades inmediatas de instrucción, seguridad, salud, justicia y se provee a la infraestructura social. Este funcionamiento, mediante el cual se tiende a dar cobertura localmente a las necesidades sociales descriptas, es el Federalismo.

Mediante el mismo, se trata de mantener el espíritu o sistema de confederación entre comunidades organizadas, constituyendo una alianza, unión o pacto de convivencia entre ellas. Manteniendo en su seno el poder de decisión en la obtención y posterior asignación de los recursos en todos aquellos asuntos propios de cada una. Alentando la toma de medidas desde el poder confederado en cuanto a temas que involucran a todos los miembros de la confederación como la defensa, red camineras integrales, macro fuentes de energía, etc.

A través de la historia de la humanidad los resultados obtenidos con el federalismo son harto elocuentes. Los países que se constituyeron en verdaderas potencias económicas utilizaron y utilizan el sistema aunque no ya con la denominación de demos sino llamando municipio, condado o cantón a las unidades políticas menores. Se trata de la más eficiente, económica y eficaz forma de recaudar y utilizar recursos sociales.

La desentralización determina la inexistencia de la concentración de poder que conduce a la corrupción y al despotismo. También de esta siniestra conjunción tenemos claros ejemplos que naturalmente debe inclinarnos a desechar el unitarismo y bregar por la implantación del federalismo.


Democracia / Economía de Mercado
Por su parte, el Capitalismo con Economía de Mercado, lejos del Capitalismo de Estado propio del nazifascismoestalisnismo, constituye la expresión económica de la Democracia. Exige libertad, acompañada de su expresión económica, la Propiedad Privada.

El medio ideal para su desarrollo, que conlleva racionalidad en la producción de bienes y la prestación de servicios, es aquél donde las reglas de juego son lo suficientemente permanentes como para tener la previsibilidad en cuando a su permanencia y modificación se refiere. La conjunción de libertad y propiedad privada en el marco legal adecuado es la mayor garantía que se puede ofrecer a las comunidades para el desenvolvimiento económico.

La libertad establece la facultad de ejercer actividad económica limitada únicamente por las leyes de la comunidad, sin que ningún poder despótico establezca qué, cuánto, cómo y para quién producir.
La Propiedad Privada hace lo propio con el derecho de disponer libremente de lo que se produce.
El régimen legal adecuado proporciona la garantía de respetar por todos y en todo tiempo y lugar aquellos derechos.
En estas condiciones surge la competitividad que conduce a que los organizadores de la producción se orienten a obtener el mejor producto al costo más bajo posible para poder colocarlo en el mercado. En un proceso donde libremente y sin límite de número, funcionan las empresas (unidades de producción), donde normalmente se procede a la obtención y asignación de recursos con absoluta tendencia hacia la eficiencia, economía y eficacia.

Podrá observase entonces, que Federalismo Político y Economía Capitalista, son métodos totalmente congruentes. Es la mejor combinación posible conocida de organizarse las comunidades. Adviértase los elementos comunes:

• La libertad de decisión está presente en cada comunidad y en cada unidad de producción

• Pasa lo propio en cuando al derecho a disponer libremente de la obtención de recursos

• Las necesidades de funcionamiento se detectan mejor y más rápidamente en ambos lugares debido a la cercanía respecto de los acontecimientos, tanto en el tiempo como en el espacio. Su cobertura puede lograrse más rápida, eficiente y eficaz y económicamente en ambos sectores con sus consecuentes beneficios.

• El derecho a la propiedad de los bienes sociales lo ejercen los vecinos a través de las autoridades locales y los titulares empresarios (dueños unipersonales, sociedades, cooperativas, etc.) en sus respectivas unidades productivas.

Los conceptos Economía Capitalista de Mercado y Democracia (que necesariamente reconoce el derecho a gobierno propio de cada comunidad) son Interdependientes. Recíprocamente, la existencia de uno de ellos es ampliamente favorecida por la del otro a tal punto que, para existir cada uno de ellos, es condición necesaria que existan ambos.

El Capitalismo es la expresión democrática de la economía. El federalismo es la expresión democrática de la organización social.

Economía de Mercado en Democracia es la mejor conjunción.









martes, 16 de marzo de 2010

Una impronta señera

Cuando recibí la infausta noticia no sentí nada. Como dijo el poeta, todo se desalojó dentro de mí. No recuerdo cuáles fueron las palabras con las que respondí. Quizás haya reaccionado nada más que para demostrar que seguía del otro lado, con el teléfono en la mano. Pero sí recuerdo que luego de cortar la comunicación, recién entonces, empecé a notar que un profundo sentimiento de pesar me había invadido. JC había partido hacia la Casa del Señor.

Solamente por dos veces había estado mano a mano con él. Aunque fue por largas horas, solamente por dos veces mantuvimos un mano a mano cara a cara, con tanta intensidad y densidad, que fueron suficientes para conocer profundamente a una persona que puso de manifiesto su calidad de Hombre en el sentido cabal de la expresión.

Es cierto que durante mucho tiempo hemos estado en contacto gracias a la increíble tecnología que hoy en día nos atrapa. A través de este medio he recibido la gracia de sus dotes de cristiano comprometido absolutamente con una manera de vivir cuya esencia compartía, comparto y seguiré compartiendo..

Generoso intelectual es uno de los tantos calificativos con que contaba su personalidad. En el libro de mis recuerdos figurará imborrable una de las tantas maneras que existen para poner de manifiesto esa cualidad: nos brindó constantemente su pensamiento, sus ideas, una muy buena parte de su vida. Con valentía absolutamente.

El coraje fue un signo distintivo que lo enaltecía. Exponerse, como se expuso, poniendo en negro sobre blanco, con gallarda actitud cristiana y a toda voz, el fruto de sus convicciones, fue para mí el paradigma que tuve, tengo y tendré para continuar buscando sin cesar el camino a seguir. Camino que con todo el entusiasmo esperaba transitar hombro a hombro con JC en busca de esas soluciones que exige constantemente la vida.

El Blog de Conapas debe a él su existencia. En homenaje a JC seguirá con vida, ese hálito que ya no es patrimonio de su humanidad.

Para mí fue JC, como cariñosamente me dirigía a él. Para muchos Juan Carlos Sánchez Dodorico. JC ha partido hacia la Casa del Señor. Su impronta estará constantemente presente, como hasta ahora.

César Ramón Cuello